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LA AMANTE
La amante hacía rato que se lamentaba,
caminaba desde la estación del tren hasta su casa,
vestía jean elastizado y una remera ajustada
los pechos le sobresalían casi a la altura del mentón
tenía el pelo teñido ¿el color? no sé,
siempre de ojotas,
Sí, la amante se lamentaba:
que yo te espero en cualquier lado,
que vendo los guantes de porquería que me das,
que cuando estás preso voy a verte,
que te tengo que amar y amar,
que no alcanza para todo lo que tengo que comprar,
los pendejos tuyos gritan ¡quiero más! ¡quiero más!
¡Yo también quiero más!
¡Quiero flores en el pelo!
Que me digas amor… nada más.
La amante se lamentaba
esperando que los clientes le vengan a pagar.
OLGA TALQUENCA (del taller de San Antonio de Padua) diciembre 2006
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